Shaggy's Room

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miércoles, 20 de junio de 2012

20 años soñando lo mismo


La calle estaba llena de gente, con su acostumbrada multitud llena de prisas de ir y venir. El suelo estaba mojado por la tormenta del día anterior y el sol estaba oculto desde que la vi en la puerta de la tienda. Me hizo un gesto y me acerqué. Ella llevaba un vestido blanco, el pelo corto y arreglado.  En las uñas tenia pintadas banderitas de Inglaterra y sus piernas se unían en la cadera dando forma a mi sueño. No pegaba para nada con el paisaje urbano del lugar, pero aun asi estaba preciosa. Me encantaba como le quedaba ese piercing en su cara.

Sus vidriosos ojos estaban fijos en su zapatos y su semblante andaba serio y triste a un metro de mi. No sabía que decirle porque no podía decirle nada que no supiera, porque me faltaban las palabras que tan cortas se me quedaban siempre cuando le decía algo. Por una vez no sabía en lo que ella estaba pensando, quizás pensase en lo ridículo que yo me debería sentir con esa situación, o quizás en lo bonitas que son sus rodillas. El Sol salió detrás de una nube y caímos en una burbuja que nos apartaba del resto del mundo. Todo a nuestro alrededor parecía ir una cuarta parte más lento, las personas ya no parecían tener prisa, paseaban disfrutando del tan esperado sol veraniego cuando ella levanto la vista y vi sus ojos.

No sonrió, me miro a los labios y dijo que se estaba enamorando de mí, que maldita mi culpa por ser así, por regalarle cada mañana los mejores motivos, por pintarle cada amanecer una sonrisa con mi más sutil caricia. Por desearla tanto que tembláramos los dos cuando quisiera besarla.

Y las mejores palabras no siempre se dicen con el mejor tono, pero si con la más dulce voz. Ya hace 20 años de aquel día, y aún recuerdo como le sonreí con todo mi cariño y la estreche entre mis brazos. No hay mañana que no piense en ese momento y en qué habría pasado si la hubiera besado, o si la hubiese tomado de la mano y me hubiera ido lejos sin soltarla. Quizás de tanto amor que guardábamos el uno por el otro, no dejamos sitio al valor.

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