Allí estaba ella, con esa sutil sonrisa cuando sabe que la
miro, con sus sonrojadas mejillas por el frío.
La veo y no puedo dejar de
mirarla, no la veo y no puedo dejar de pensar en ella. Y es que me recorre un
escalofrío cuando veo sus labios, tan suaves, tan picantes, tan hermosos… Y sus
ojos infinitos que cuando me mira, me transportan a un mundo perfecto. ¿Por qué
no hablar de sus pómulos? Tienen la forma perfecta de mis para acariciarlos.
En esta ocasión llevaba puesto aquel vestido lila, era
semitransparente y muy, muy sensual, sería un pecado no mirarla, no desearla. Ver
como pliegue a pliegue el vestido dibuja una curva en sus caderas ¡y me gritan
que la agarre de la cintura! Ese tono púrpura resaltando con fiereza su
piercing…
¿Qué daría yo por besar ese piercing y accidentalmente rozar
sus labios?